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ESTILO SIMBOLISTA

De forma paralela a la preocupación del impresionismo por la pintura al aire libre, se desarrolla una nueva concepción sobre la función y objeto de la pintura. Los simbolistas cuyos precedentes se encuentran en William Blake, los nazarenos y los prerrafaelitas propugnan una pintura de contenido poético.

El movimiento simbolista reacciona contra los valores del materialismo de la sociedad industrial, reivindicando la búsqueda interior, para ello se sirven de los sueños que gracias a Freud ya no conciben únicamente como imágenes irreales, sino como un medio de expresión de la realidad. El Simbolismo pretende restaurar significado al arte, que había quedado desprovisto de éste con la revolución impresionista.

El simbolismo se decanta hacia una espiritualidad frecuentemente cercana a posiciones religiosas y místicas. La fantasía, la intimidad, la subjetividad exaltada sustituyen la objetividad de impresionistas y neo-impresionistas. Continúan con la intención romántica de expresar a través del color, y no quedarse solamente en la interpretación.

El Simbolismo no pudo desarrollarse mediante un estilo unitario; por eso, se hace muy difícil definirlo de forma general. Es más bien un conglomerado de encuentros pictóricos individuales.

El Simbolismo es una tendencia que supera nacionalidades, límites cronológicos y estilos personales. Hay figuras tan dispares como Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Gustav Klimt, Edvard Munch, etc.

El Simbolismo derivará en una aplicación bella y cotidiana en el arte europeo de fines del siglo XIX y principios del XX: el Art Nouveau.

Los simbolistas encontraron un apoyo paralelo en los escritores: Charles Baudelaire, Jean Moréas, en contra del naturalismo descarnado de Zola.

Las características más relevantes de la pintura simbolista son:

Los representantes más destacados son: